Historia 3 – Mi sueño hecho realidad

Estaba soñando… 

Sueño que estoy en un barco de pesca. Están pescando atún. Yo me relamo ante tanta abundancia de mi pescado favorito. Estoy en altamar junto a muchos marineros.  El capitán suena la chicharra. Todos sueltan redes y cubos que salpicaron, con agua salada, toda la proa. 

De pronto, escucho al chef que me silba y me dice: ‒‒ pequeña aquí tienes. 

Mis ojos están hipnotizados con aquel plato fino, hecho en cerámica, acompañado con una copa llena de leche. El chef destapa el plato y ahí está. ¡Atún fresco!

Entre sueños oigo a mamá decir ‒‒¡Aianna toma, ven!  Yo, sin embargo, sigo oliendo aquel atún, acabadito de pescar y recién asado. ¡Es todo para mí! Pienso que mamá puede esperar. 

En mis sueños, aquel olor se fue haciendo demasiado real. Tan real era, que cuando sentí a mamá cerca mí susurrando mi nombre, abrí un ojo para ver si mi sueño se había hecho realidad. Entre el sueño y el atún aún en la lata, me desperté. ¡Es realidad! Mamá no sólo me dio una buena porción, sino que me sorprendió cuando repitió la porción una segunda vez. 

Mientras me aseo, pienso en que días como hoy, deben ser todos los días. Hoy, no sólo comí atún, también comí pavo -toda una pechuga jugosita-. También comí tembleque, un postre a base de leche fresca, leche de coco y canela, ummm… ¡Soy feliz!

Se publican todos los miércoles a las 3pm en esté blog. ¡Suscríbete para que seas el primero en leerlas! Lectura ideal para niños de 6 años en adelante. También los padres pueden leerla a niños más pequeños.  Cuento e ilustraciones por Kathia Alsina Miranda. Edición del texto por Dra. Carmen Minerva Ramos

  • Historia #9: El Abrazo
    Yo me acerqué con ternura y abrí mis pezuñas hasta abrazarla. Hay veces, en que las personas no se dan cuenta de que los valientes y sanadores también necesitan un abrazo. Es un toque para que se recarguen. En el cuarto, la luz violeta cubría a mamá y a toda su cama, pero no fue hasta que sintió
  • Historia 8 – Aventuras en la casa abandonada
    Al salir por el portón, miré a mamá y luego volteé mi mirada hacia la casa abandonada. Mamá, tranquilamente, me dejó…

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