Historia 8 – Aventuras en la casa abandonada

Al salir por el portón, miré a mamá y luego volteé mi mirada hacia la casa abandonada. Mamá, tranquilamente, me dejó ir a explorar aquel laberinto que había entre carros viejos, un trampolín y el flamboyán gigante. ¡Fue toda una aventura! ¡Había tanto que ver y oler! Mi olfato detectó el paso de un gato. Dejó su olor en el pasto que subía hasta la mitad de las ventanas en aquella casa en mal estado. Ese día, por mucho rato, no entré al apartamento. Fue hasta que oí la voz que me llamaba. Mamá me esperaba al otro lado de la acera.

Viejo trampolín

Otro día, volvimos a ese lugar de aventura: la casa abandonada. Ese día, Mamá me jugó una broma y se escondió. Yo alcé la cabeza y no la vi. Me puse a buscarla y no la encontraba. Asustada regresé. Corrí escalera arriba y la sorprendí riéndose por la broma que me hizo. 

Una noche mamá y yo paseábamos cerca.  Ella decidió entrar conmigo. Bordeamos la casa encantada y yo me sentía que era invencible al lado de Mamá. De momento, sentí que ella se puso nerviosa. La vi buscar un palo largo y ancho para defenderse, mientras yo felizmente, seguía descubriendo aquella vieja casona del vecindario. Mamá, con su visión de gata con experiencia, había divisado cuatro perros.

Me sentía invencible al lado de Mamá…

Hustoria 8: Aventuras en la casa Abandonada©2021

Ella, con su instinto maternal, quiso persuadirme para terminar la aventura de la noche. Sin embargo, yo estaba tan entusiasmada, que quise seguir y rebelde, no le hice caso. Mamá, astuta al fin, me engañó y logró cargarme para llevarme de vuelta a casa. Yo estaba tan molesta, que echaba humo por las orejas. Fue cuando vi a los perros a lo lejos. Había uno que era más grande que Scuat, el antiguo perro “pitbull” que vivía en la casa donde nací. ¡Qué susto! Terminamos corriendo de regreso al apartamento.  Al llegar, miré a Mamá y froté mi cabeza en sus pies sonriendo. ¡Qué mucho gozamos esa noche! Gracias Mamá por tantas aventuras.

Las historias de Aianna – Kathia Alsina©2021

Se publican todos los miércoles a las 3pm en esté blog. ¡Suscríbete para que seas el primero en leerlas! Lectura ideal para niños de 6 años en adelante. También los padres pueden leerla a niños más pequeños.  Cuento e ilustraciones por Kathia Alsina Miranda. Edición del texto por Dra. Carmen Minerva Ramos

Historia 7: El trébol de la suerte

A la mañana siguiente, Mamá me invitó a bajar, pero yo estaba algo insegura. Sentí a Sombra y no quise ni asomarme por las rejas del balcón. Miraba a Mamá buscando su apoyo.  Ella insistía en ser valiente y se sentó en la escalera a observar el paisaje. Empezó a desyerbar las plantitas que crecen en los aleros y esquinas del balcón. De pronto, oí la voz de un gnomo pidiendo ayuda. ¡Mamá estaba arrancándole su vivienda! Ya había arrancado cinco plantitas de un sólo golpe cuando la miré molesta y asustada a sus ojos. 

Ella, al verme, me sobó por el cuello. ¡Me fascina que lo haga! Yo le seguía pidiendo mimos a Mamá para distraerla. Con el rabito del ojo, le hice señas al gnomo, dándole tiempo para que pudiese treparse en un arbusto de tréboles que crecía en la orilla del alero. Mamá, en ese instante captó el movimiento de ese trébol. 

¬¡Wow! -exclamó al darse cuenta del diminuto arbusto. 

¬Los tréboles traen suerte -me dijo.

Lo estuvo observando con detenimiento, pero nunca vio al gnomo. Yo observaba a mamá. Cuando vi que ella dejó de arrancar las plantitas que crecen cerca de la escalera, me fui hacia el interior del balcón.

Historia 7: El trébol de la suerte©2021

¬¡Uff, qué bueno! Pensé. Ya los gnomos viven contentos. Los gnomos siempre nos cuidan en este pedacito de paraíso, aunque Mamá no los vea. Los gnomos son quienes traen la suerte.

Las historias de Aianna – Kathia Alsina©2021

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Historia 6 – Miedo + Fortaleza = Valentía

Don

Yo había cogido confianza y estaba jugando solita en el jardín cuando vi a Don. Él es como uno de los cuadros que pinta Mamá. Está salpicado de pintura por todos lados, solo que él usa espejuelos. De pronto, vi acercarse a Sombra. ¡Me dio terror! Corrí y cuando alcancé a ver a mamá, observé que ella también tenía miedo. Sin embargo, en vez de demostrarle el miedo que Sombra le causaba, Mamá, valientemente, lo entretuvo alejándolo de mí. Yo me escondí entre las flores del jardín. Allí estuve aterrada e inmóvil viendo lo que Mamá hacía.

Sombra se sintió atacado por Mamá y se fue a contarle lo ocurrido, a modo de chisme, a Don.  Sombra era peligroso. Don lo sabía, por eso lo escuchaba y le seguía la corriente sin irle de frente. Yo observé, con cautela, cada movimiento de lo que sucedía hasta que vi la oportunidad de pasar como un celaje entre Sombra, Don y Mamá. 

Ya en el balcón del apartamento, me sentí más segura, pero ni me acerqué a las rejas para no volver a ver a Sombra. Escuché los pasos de Mamá al subir por las escaleras y una vez sentí que cerraba la reja con llave, mi corazón bombeó con armonía. Mamá me felicitó y me dijo:

¬Él es peligroso, refiriéndose a Sombra, pero Dios nos protege todo el tiempo. 

Así, Mamá aguantó dos meses en aquel lugar, aunque tuviese miedo de que nos pasará algo. 

Historia 6: miedo + fortaleza = valentía

Mamá es valiente. Nadie sabe lo mucho que aguanta. Ella sabe sobrellevar el dolor, el miedo y es capaz de enfrentar a personas peligrosas con tal de proteger a los más vulnerables. Ojalá Belita y mis tíos puedan ver algún día lo valiente, fuerte y dulce que es Mamá. Ellos sólo ven cuando ella se quiebra. Sin embargo, yo sé que cuando eso ocurre es porque lleva un gran peso sobre sus hombros. Un peso que es tan grande como un árbol gigante. Gracias, mamá por tu fortaleza. Eres capaz de superar el dolor, el miedo y enfrentar el peligro para cuidar de mí.

Las historias de Aianna©2021

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Historia 3 – Mi sueño hecho realidad

Estaba soñando… 

Sueño que estoy en un barco de pesca. Están pescando atún. Yo me relamo ante tanta abundancia de mi pescado favorito. Estoy en altamar junto a muchos marineros.  El capitán suena la chicharra. Todos sueltan redes y cubos que salpicaron, con agua salada, toda la proa. 

De pronto, escucho al chef que me silba y me dice: ‒‒ pequeña aquí tienes. 

Mis ojos están hipnotizados con aquel plato fino, hecho en cerámica, acompañado con una copa llena de leche. El chef destapa el plato y ahí está. ¡Atún fresco!

Entre sueños oigo a mamá decir ‒‒¡Aianna toma, ven!  Yo, sin embargo, sigo oliendo aquel atún, acabadito de pescar y recién asado. ¡Es todo para mí! Pienso que mamá puede esperar. 

En mis sueños, aquel olor se fue haciendo demasiado real. Tan real era, que cuando sentí a mamá cerca mí susurrando mi nombre, abrí un ojo para ver si mi sueño se había hecho realidad. Entre el sueño y el atún aún en la lata, me desperté. ¡Es realidad! Mamá no sólo me dio una buena porción, sino que me sorprendió cuando repitió la porción una segunda vez. 

Mientras me aseo, pienso en que días como hoy, deben ser todos los días. Hoy, no sólo comí atún, también comí pavo -toda una pechuga jugosita-. También comí tembleque, un postre a base de leche fresca, leche de coco y canela, ummm… ¡Soy feliz!

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