Historia #10: Calle 12 Octubre

Mamá me llevó de aventura con ella… Ella vivía ahora en un apartamento con cuatro personas más. Era de locos aquel lugar donde todos hablaban a la misma vez y se reían a carcajadas. Había un mar de olores que entraban por las ventanas… Para mí, aquel lugar fue traumático los primeros días.

¡Tantos estímulos!

pensaba Aianna…

Quería meterme dentro de la barriga de Mamá para sentirme segura. Yo no lograba entender lo que estaba pasando a nuestro alrededor. Con el tiempo, entendí que, de esta nueva realidad era sobre lo que habíamos hablado tantas veces. Por fin, Mamá había cumplido su promesa. 

Un apartamento llenos de estímulos, pero Mamá feliz.

Así fue como conocí al abogado, tenía una chispa diferente. Él hablaba con las plantas. Entendía a los ancestros que viven entre sus raíces y su clorofila. Él insistió en que yo debía tomar una ducha.  

bueno, si tú quieres salir todo aruñado, adelante. ¡Báñala! 

le dijo Mamá.

Luego de esa advertencia, no lo intentó.

El abogado que habla con las plantas…

Más tarde, conocí al agrónomo que no sembró ni una “matita” de habichuelas. Él tenía una energía curiosa. Parecía un niño atrapado entre sus cuatro pelos de la cara. Intentaba ser el niño que aún anhelaba pero que había quedado atrás hacía mucho por culpa de los años.

El agrónomo con sus 4 pelos en la cara tostando el café…

El agrónomo moría por jugar en la computadora y Mamá me tenía prohibido entrar a su cuarto. ¡Que me prohíban algo me llena de curiosidad!  Así es que, un día, digamos que me resbalé por la ventana y caí en su cuarto. Me gustó aquel lugar. Fui cuidadosa y, como una ninja, no dejé huellas.  

De los otros personajes que iban y venían en aquella casa casi no me acuerdo. Sin embargo, otro día les contaré de la persona en la 189. ¡Eso sí fue una HISTORIA!

Aianna te extraño

Hoy, quiero ser honesta con mis lectores. Aianna no es un personaje ficticio, en realidad fue mi gata bella e inteligente que me enseñó a tener responsabilidad, relacionarme con límites saludables y vivir el momento presenté. Cuando empecé a escribir estas historias, la mayoría están basados en hechos reales. Muestran la relación de una sana convivencia, iniciada desde el amor y la comprensión de su naturaleza felina.

Aquí posando y aprobando las Ilustraciones para las historias.

¡Aianna sí existió! Te doy gracias hermosa gata que me llenaste de alegría y sabiduría, poniendo consuelo con tus mimos y límites saludables. Pero amigo lector, Aianna se fue el 21 de febrero de este año. Y mi corazón sufre su partida.

Aquí una de las últimas veces que bajó del apartamento durante el 2021.

Desde entonces ha sido bien difícil lograr escribir sobre ella, lo más difícil es pintarla saber que esos ojitos tristones y de mirada profunda, ya no están ahí. Gracias a mi editora Dra. Carmen Ramos que ha sido mi hombro donde he podido descansar y me ha animado a seguir las historias.

He decidido ser honesta y sí saber que una mascota no sustiye a otra. Aunque Dios quiso que yo tuviera otra gata. La cual le digo Aianna cada vez que la miro para decirla algo y le pido perdón porque ese no es su nombre, sino Missy. Los adultos no saben, a veces, que es tan importante aprender a sanar las pérdidas de nuestros seres amados, enfrentar el dolor y la tristeza. Sólo atravesando las emociones podemos sanar las heridas. Y es eso lo que justamente estoy haciendo cuando decido compartir mi dolor y la diversidad de emociones que he estado atravesando desde que Aianna se fue al cielo de los gatos.

Su mirada profunda, única que extraño cada día.

Sólo Dios y la misma Aianna saben lo que atravesé durante esos 12 años que ambas estuvimos juntas. Parte de la aventura de FE, que llevó viviendo poco más de 2 años, fue que ella viniera a vivir conmigo. Hasta el último suspiro estuvo en la confianza de que mamá, hizo lo mejor que pudo siempre.

Aquí observando la noche una de las #historiasdeaianna #2021riseyourvoice #kathiaalsina

Historia #9: El Abrazo

Estaba observando el barrio tranquilamente desde mi balcón. La noche era perfecta. Mamá estaba en su hamaca, acompañándome. De momento, la luz violeta se hizo intensa alrededor de nosotras. Oí en la oscuridad un sollozo silencioso, empecé a escuchar atentamente para identificar de dónde provenía. Logré localizar los sollozos que se hacían cada vez más audibles. 

Aianna observando la noche – ©Kathia Alsina

Venían desde dentro del cuarto. Volteé mi cabeza buscando a Mamá en su hamaca, pero no estaba.

El rastro de la luz violeta me dirigió hasta Mamá, mojada en llanto, adolorida y débil. Estaba en el cuarto. Mamá le reclamaba a Dios cuestionándole el por qué no había estado allí cuando ella más frágil se sintió. 

Yo me acerqué con ternura y abrí mis pezuñas hasta abrazarla. Hay veces, en que las personas no se dan cuenta de que los valientes y sanadores también necesitan un abrazo. Es un toque para que se recarguen. En el cuarto, la luz violeta cubría a mamá y a toda su cama, pero no fue hasta que sintió mi abrazo que empezó a calmarse. Las personas se quejan mucho sin saber que el ser vulnerables es parte, también, de ser valientes. Hoy, fui yo quién cuidé de Mamá. Ya mañana será un día lleno de Justicia. ¡Mamá, yo te amo!

Se publican todos los miércoles a las 3pm en esté blog. ¡Suscríbete para que seas el primero en leerlas! Lectura ideal para niños de 6 años en adelante. También los padres pueden leerla a niños más pequeños.  Cuento e ilustraciones por Kathia Alsina Miranda. Edición del texto por Dra. Carmen Minerva Ramos

Historia 8 – Aventuras en la casa abandonada

Al salir por el portón, miré a mamá y luego volteé mi mirada hacia la casa abandonada. Mamá, tranquilamente, me dejó ir a explorar aquel laberinto que había entre carros viejos, un trampolín y el flamboyán gigante. ¡Fue toda una aventura! ¡Había tanto que ver y oler! Mi olfato detectó el paso de un gato. Dejó su olor en el pasto que subía hasta la mitad de las ventanas en aquella casa en mal estado. Ese día, por mucho rato, no entré al apartamento. Fue hasta que oí la voz que me llamaba. Mamá me esperaba al otro lado de la acera.

Viejo trampolín

Otro día, volvimos a ese lugar de aventura: la casa abandonada. Ese día, Mamá me jugó una broma y se escondió. Yo alcé la cabeza y no la vi. Me puse a buscarla y no la encontraba. Asustada regresé. Corrí escalera arriba y la sorprendí riéndose por la broma que me hizo. 

Una noche mamá y yo paseábamos cerca.  Ella decidió entrar conmigo. Bordeamos la casa encantada y yo me sentía que era invencible al lado de Mamá. De momento, sentí que ella se puso nerviosa. La vi buscar un palo largo y ancho para defenderse, mientras yo felizmente, seguía descubriendo aquella vieja casona del vecindario. Mamá, con su visión de gata con experiencia, había divisado cuatro perros.

Me sentía invencible al lado de Mamá…

Hustoria 8: Aventuras en la casa Abandonada©2021

Ella, con su instinto maternal, quiso persuadirme para terminar la aventura de la noche. Sin embargo, yo estaba tan entusiasmada, que quise seguir y rebelde, no le hice caso. Mamá, astuta al fin, me engañó y logró cargarme para llevarme de vuelta a casa. Yo estaba tan molesta, que echaba humo por las orejas. Fue cuando vi a los perros a lo lejos. Había uno que era más grande que Scuat, el antiguo perro “pitbull” que vivía en la casa donde nací. ¡Qué susto! Terminamos corriendo de regreso al apartamento.  Al llegar, miré a Mamá y froté mi cabeza en sus pies sonriendo. ¡Qué mucho gozamos esa noche! Gracias Mamá por tantas aventuras.

Las historias de Aianna – Kathia Alsina©2021

Se publican todos los miércoles a las 3pm en esté blog. ¡Suscríbete para que seas el primero en leerlas! Lectura ideal para niños de 6 años en adelante. También los padres pueden leerla a niños más pequeños.  Cuento e ilustraciones por Kathia Alsina Miranda. Edición del texto por Dra. Carmen Minerva Ramos