Historia 7: El trébol de la suerte

A la mañana siguiente, Mamá me invitó a bajar, pero yo estaba algo insegura. Sentí a Sombra y no quise ni asomarme por las rejas del balcón. Miraba a Mamá buscando su apoyo.  Ella insistía en ser valiente y se sentó en la escalera a observar el paisaje. Empezó a desyerbar las plantitas que crecen en los aleros y esquinas del balcón. De pronto, oí la voz de un gnomo pidiendo ayuda. ¡Mamá estaba arrancándole su vivienda! Ya había arrancado cinco plantitas de un sólo golpe cuando la miré molesta y asustada a sus ojos. 

Ella, al verme, me sobó por el cuello. ¡Me fascina que lo haga! Yo le seguía pidiendo mimos a Mamá para distraerla. Con el rabito del ojo, le hice señas al gnomo, dándole tiempo para que pudiese treparse en un arbusto de tréboles que crecía en la orilla del alero. Mamá, en ese instante captó el movimiento de ese trébol. 

¬¡Wow! -exclamó al darse cuenta del diminuto arbusto. 

¬Los tréboles traen suerte -me dijo.

Lo estuvo observando con detenimiento, pero nunca vio al gnomo. Yo observaba a mamá. Cuando vi que ella dejó de arrancar las plantitas que crecen cerca de la escalera, me fui hacia el interior del balcón.

Historia 7: El trébol de la suerte©2021

¬¡Uff, qué bueno! Pensé. Ya los gnomos viven contentos. Los gnomos siempre nos cuidan en este pedacito de paraíso, aunque Mamá no los vea. Los gnomos son quienes traen la suerte.

Las historias de Aianna – Kathia Alsina©2021

Se publican todos los miércoles a las 3pm en esté blog. ¡Suscríbete para que seas el primero en leerlas! Lectura ideal para niños de 6 años en adelante. También los padres pueden leerla a niños más pequeños.  Cuento e ilustraciones por Kathia Alsina Miranda. Edición del texto por Dra. Carmen Minerva Ramos

Historia 4 – Melodía Nocturna

Aianna en la vida real, profundamente dormida.

Yo duermo cerca de doce horas diarias para recargar baterías. Mientras descanso, limpio la casa de malas energías. Mamá es diurna, se levanta temprano en la mañana. Yo en cambio, soy nocturna, a las nueve de la noche bostezo y me estiró toda para iniciar mis rutinas. Lo primero que hago es asomarme por la ventana que da al patio para observar la noche. Mamá sabe que me fascina mirar por las ventanas, así es que puso su biblioteca cerca de una. En su biblioteca puso las enciclopedias, los diccionarios, los libros de referencias que eran de Belito y unos libros de cuentos. Yo me voy a la biblioteca y me siento sobre un estante, un largo rato, a oír la noche.

El campo, en donde vivimos, me permite escuchar a los murciélagos, a los grillos, y en ocasiones a los coquíes y a las ratas que corren por el tendido eléctrico. Desde la ventana de la biblioteca observo que esta noche hay luna llena. Está hermosa y tiene muchos colores a su alrededor. 

Hace unos días, mientras Mamá terminaba de fregar y vio que me desperté y me saludó.

‒‒ ¡Buenos días, Aianna! ¿Dormiste bien? 

Yo la miré a los ojos con alegría. En eso, se oyeron unas detonaciones. Me asusté y miré nuevamente por la ventana buscando lo que provocó las detonaciones. Mamá también se acercó a mirar. A lo lejos, se vieron unas luces brillantes que caían desde el cielo. Ella me acarició y me susurró: ‒‒tranquila, son fuegos artificiales. 

La volví a mirar a los ojos y ella, mientras me acariciaba, me susurró:  

‒‒recuerda Aianna, Dios tiene un domo protector invisible sobre nosotras. Él siempre nos va a cuidar. 

Historia 4: Melodía Nocturna pintura en acuarelas por Kathia Alsina.

Mamá me había explicado que Dios vive en las nubes, en el mar y en el sol. Lo que ella no sabe es que yo puedo ver a Dios. Se refleja en forma de luz color violeta. Es una luz que está cerca de mamá todo el tiempo. Mi mamá tiene razón. Dios nos cuida todo el tiempo. Esa noche no salimos del apartamento, así es que mamá me puso el agua, me abrió la puerta del “litter” y me sirvió comida. Luego, nos fuimos al dormitorio y como yo seguía nerviosa por las detonaciones, mamá cerró todas las ventanas. Ambas nos metimos bajo las cobijas y ella me abrazó. ¡Gracias, mamá!

Dios nos protege, se ve en una luz violeta cerca de mamá — Aianna

#aiannathecat #kathiaalsina

Las historias de Aianna por Kathia Alsina©

Se publican todos los miércoles a las 3pm en esté blog. ¡Suscríbete para que seas el primero en leerlas! Lectura ideal para niños de 6 años en adelante. También los padres pueden leerla a niños más pequeños.  Cuento e ilustraciones por Kathia Alsina Miranda. Edición del texto por Dra. Carmen Minerva Ramos

Historia 2: ¡Qué curioso!

¡Hoy es la primera vez que salgo de aventura con mamá! Este apartamento me gusta mucho tiene jardín, árboles y mariposas de todos los colores que vuelan libres al son del viento. Mamá está feliz, le gustan las mariposas. Estoy aquí observando entre los árboles, veo una casa… ¡Está abandonada! Las casas abandonadas son lugares mágicos. 

‒‒¡Aianna, vamos! – oí la voz de mamá. 

Ella me va a enseñar hoy a cómo salir y entrar de la casa.

Mamá está al otro lado del portón, mientras yo sigo olfateando. Es así como voy reconociendo el camino de regreso. Con mi olfato puedo identificar quiénes estuvieron por aquí y si son buenos o me tengo que cuidar de ellos. Siento la voz de mamá que en tono dulce me orienta.

 ‒‒ Debes mantenerte en la acera todo el tiempo. 

Casi ni la oigo. Es que estoy excitada. Veo un árbol gigante y una escalera que lleva a la casa abandonada. Hay lagartijos, mariposas…

 Le grito:  ‒‒¡mamá espera que tengo que oler todo y son muuchas hojas! 

De momento veo un hueco profundo en la calle. Mirando a mamá a los ojos, le pregunto 

‒‒¿qué es eso?

Mamá, desde el otro lado me explica que es una alcantarilla. Me dice que por ahí suben ratones y culebras y que, además, es profundo. 

Cuando oí -C U L E B R A S- volví rapidito a la acera, esas no me gustan. 

Estoy feliz y agradecida por este apartamento nuevo. Le digo a mamá que me gusta mucho. ‒‒¡Ya viste como entrar y salir! En caso de una emergencia que tengas que salir o entrar, este portón siempre estará abierto ‒‒ me dijo mamá con cariño y firmeza. 

Yo la miré y corrí alegre entre las flores del jardín. En ese ese instante, una mariposa tornasol pasó frente a mi hocico. ¡Qué linda! – pensé y me fui a comer grama cerca del carro de mamá. Comer grama me ayuda a hacer mi digestión. Salí corriendo y le gané de nuevo a mamá al subir las escaleras. Ahora me voy a dormir. 

‒‒ Buenas noches, mamá. Ya son las once de la mañana y tengo mucho sueño. 

Dar gracias nos hace alegres y atrae la abundancia.

Se publican todos los miércoles a las 3pm en esté blog. ¡Suscríbete para que seas el primero en leerlas! Lectura ideal para niños de 6 años en adelante. También los padres pueden leerla a niños más pequeños.  Cuento e ilustraciones por Kathia Alsina Miranda. Edición del texto por Dra. Carmen Minerva Ramos

Historia 1: Aianna Investiga

– ¿Mamá que haces? -pregunto la gata.  Aianna, estoy poniendo el nacimiento, mañana es el día de Reyes. ¿Sabías que Belita ponía el árbol de Navidad todos los años? Mientras tanto, tú y tu «biomá» se la pasaban tirando al caballo del pesebre. – Le narró mamá. 

– ¡Ay, mamá! Eso no es justo. Lo hacíamos porque siempre nos han negado un lugar de honor en el pesebre. Ponen hasta cerdos y caballos en los pesebres y a nosotros, los gatitos inofensivos, nos niegan nuestra participación. 

¿Tú sabías que ya los gatos éramos más amigos de las personas que los perros? – Siguió argumentando la gata.  Déjate de cuentos, que ustedes los gatos se la pasan buscando colarse en todos los lugares. – Replicó Mamá. 

– No mamá, en mi ADN está la historia completa de mis ancestros.  ¡Aianna! Basta de plática y hazme el favor de guardar silencio que yo necesito concentrarme y poner el pesebre antes de que anochezca. – Le dijo Mamá bien seria y firme. 

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